sábado, 20 de enero de 2007

Aldo Novelli



Ofrenda

Yo soy ese tipo que ha cometido la osadía

de creerse poeta por unos instantes

esas efímeras eternidades que me tornaron insoportable,

y excavó con desesperación en el fondo de la noche

buscando palabras desconocidas

para dárselas al mundo en una jauría de gaviotas.

El que arrojó piedras a vagones ajenos de trenes inalcanzables

que cruzaban el oxidado horizonte del desierto,

el que pateó pelotas de trapo envueltas en viejas medias

en un potrero de cardos rusos gigantes y vientos furibundos,

y corrió entre cigueñas negras y alacranes amarillos

para calmar la sed de infinito y el hambre de mujer.

El tipo que se dejó crecer la barba

y lanzó volantes rojos en el aire espeso de la ciudad

como un acto de rebeldía en medio de la derrota.

El que recorrió bares y cabarets

buscando a la hembra más puta del mundo,

y terminó durmiendo sobre las mesas

la borrachera de todos los poetas malditos de la historia.

Yo soy el pastor de ovejas descarriadas

adicto a las sombras bajo la gran luz.

El lobizón que se hizo hombre

en una noche de incontables lunas sin cielo.

Yo soy la oveja que se comió al lobo.

Yo soy ese tipo que llaman padre

el santo padre putativo corruptor de menores de espíritu

adúltero de vírgenes endemonidas exorcista de toda estupidez.

El que cura las llagas de mujeres en pena

místico sanador de seres vulnerables de corazón.

Yo soy el dador de semen, el precario proveedor de cielos.

El que camina bajo la noche en callejones oscuros

y hace discursos salvadores para un tiempo desquiciado

entre multitud de cartoneros, desterrados y borrachos que aplauden y ríen

mientras las cucarachas observan la escena desde prudente distancia.

Yo también soy el tipo

que ha cometido la estupidez de escribir este poema,

él mismo, que tiene ahora la insolencia de ofrendárselo a ustedes

como un brusco zarpazo en la voz del silencio.


El huevo de la serpiente

Trabaja de lunes a sábado durante diez horas diarias

en una empresa electrónica de Massachussets.

Por las tardes, va a buscar a sus hijos al colegio privado.

Cenan en familia a las veinte horas

y ven algún programa de actualidad

o una ingeniosa comedia antes de acostarse.

El domingo sale con su esposa

van al cine o a cenar a algún restaurante italiano.

Ese día la película era un thriller de gran repercusión

en una violenta escena

un rubio jugador de fútbol americano

viola con inusitada saña una niña negra de 17 años,

siente en su mano el estremecimiento de su esposa

y en ese momento se descubre a sí mismo

con una inesperada mueca en su rostro.

La misma que muestra

cuando sus amigos le cuentan

esas maravillosas aventuras sexuales

realizadas secretamente

en los campos de golf del country-club.

Alemania 2006

Se acerca arrastrando los pies

abre la bolsa

revisa con desgano

saca algo y come,

me mira mientras mastica

mete de nuevo la mano

recupera algo gelatinoso

se lo mete en la boca

y empieza a escupir con asco,

reputea al dueño de la bolsa

al país, al presidente, a la vagina de su hermana

a los políticos, a sus prostitutas madres

y a mí

que lo observo impotente por la ventana

justo cuando Tevez le mete un golazo a los serbios.


En el bar de la esquina

El otro día estaba en el bar de la esquina tomando una cerveza

mientras veía por enésima maravillosa vez

el gol de Maradona a los ingleses,

entonces en la mesa de al lado

alguien dijo:

- miralo a ese negro villero la guita que hizo -

- y que querés, hay que ser bruto y pegarle a una pelota para triunfar -

- y encima se floreó por el mundo con la camiseta del Che, que vergüenza! -

- otro hijo de puta ese desgraciado, menos mal que lo liquidaron -

- deberían volver los milicos - dijo otro

- si así revientan a este negro drogón, como reventaron a los terroristas -

- sí, hay que matarlo, así no habla más -.

Yo tragué el sorbo de cerveza más caliente que haya tomado en mi vida

y miré preocupado hacia el costado

pensé que había descubierto una confabulación terrorista-musulmana

o a un grupo de mercenarios despiadados preparando un asesinato

en el viejo bar de mi barrio

pero me equivoqué.

Eran cuatro señores muy elegantes de saco y corbata

con autos caros y alarmas que espantan a los que se acercan

tomando café en el bar prohibido de mi infancia.

Eran cuatro típicos burgueses argentinos

esos respetados hombres de bien

integrantes de la maravillosa clase media argentina,

ésa que nos ha diferenciado siempre, del resto de Latinoamérica.

Eran cuatro señores con cara de tipos preocupados

por los graves problemas del país

arreglando los males de nuestro pueblo.

Muchachos, esto no es un poema, ni mucho menos

esto es un grito de alarma

en el querido bar de mi barrio

hay cuatro tipos

preparando un magnicidio.


El sueño del poeta

Cuando el poeta lee

hay aplausos a rabiar

algunos histéricos abucheos inaudibles

gritos y ovaciones,

tipos enloquecidos y vítores demenciales,

y dicha sea la verdad:

el poeta no lee muy bien,

ni sus poemas son para enardecer a vastas concurrencias

y mucho menos el tipo es un poeta

tocado por la fama o los honores de sus pares.

Pero hay que reconocerlo

nobleza obliga

cuando el poeta lee

hay energúmenos contra el alambrado

dispuesto especialmente para cuidarlo

oyentes fanáticos con ojos desorbitados y manos desesperadas

golpes en las mesas y cerveza volando por el aire.

Es una bacanal romana en medio de un mundo que se cae a pedazos.

Un solo detalle colabora en esas circunstancias

en que leo mis dolientes artefactos como si fueran grandes poemas

dos elegantes señoritas muy agraciadas

o sea un par de hembras que rajan la tierra del inmenso salón

se van desnudando a medida que los espectadores

aplauden y reclaman interminables bises.

Del libro inédito: “Estúpidos mirones de televisión”

1 comentario:

DarkPoet dijo...

Ey! recién veo esto compañero!!, gracias por tu consideración hacia esos impublicables.

Mi abrazo patagónico Luis.
aldo.-